El Mid-Season Invitational 2025 será recordado como uno de los momentos más complicados para el League of Legends europeo. Por primera vez desde que se instauró el actual sistema de competición, la LEC ha sido la primera región eliminada del torneo.
Ni G2 Esports ni Movistar KOI, representantes europeos en esta edición, lograron superar su primer enfrentamiento en la fase de eliminación directa.
G2, uno de los clubes más emblemáticos del circuito internacional, fue superado con claridad por FlyQuest, representante de Norteamérica, en una serie al mejor de cinco que acabó con un rotundo 3-0. KOI, por su parte, cayó por 1-3 frente a CTBC Flying Oyster, campeón de la PCS, que dominó la serie con un estilo disciplinado y eficaz.
Las carencias de la LEC han quedado en evidencia
Más allá del resultado, la forma de la derrota es lo que más preocupa. Europa no solo perdió, sino que fue ampliamente superada por rivales que, sobre el papel, parecían estar un paso por detrás. El MSI siempre ha sido un torneo exigente, pero la diferencia entre regiones se ha vuelto más evidente.
G2 llegó con una plantilla consolidada y experiencia de sobra, pero no encontró respuestas ante un FlyQuest más rápido, más directo y mejor adaptado al meta actual. Por su parte, KOI apostó por una mezcla de juventud y proyección, pero se vio superado por la ejecución táctica de un equipo taiwanés que supo jugar con orden y sin concesiones.
Un momento incómodo para la región
La eliminación temprana de los dos representantes europeos deja en el aire muchas preguntas. No solo por el nivel individual de los jugadores, que sigue siendo alto, sino por el enfoque colectivo de la región. El resto del mundo ha evolucionado, y la sensación es que Europa ha entrado en una fase de estancamiento.
Hay aspectos que requieren revisión: preparación previa a torneos internacionales, adaptación de estrategias, y lectura del meta global. El MSI 2025 ha demostrado que ya no basta con ser sólido en la LEC. Para competir fuera, hace falta algo más.
Pensar en lo que viene
La buena noticia es que aún queda temporada. El Summer Split está al filo de empezar, y el Mundial aparece en el horizonte como la próxima gran oportunidad. Pero el margen de error es menor. La LEC no puede permitirse otro tropiezo internacional sin consecuencias y profundos cambios en su sistema.
Toca volver a trabajar desde los cimientos. Asegurar que el talento que existe se potencie con estructuras sólidas, buenas decisiones desde los cuerpos técnicos y, sobre todo, una mentalidad que no se conforme con competir. Europa ha sido cuna de campeones en este propio torneo, como G2 en 2019. Sin embargo, desde aquel pico de nivel ha tenido problemas a la hora de mostrarse competitiva contra las regiones punteras. Ahora la situación es peor, y es que parece que regiones que antes considerábamos desde europa que eran «menores» nos han adelantado por la derecha.
El enfado de la comunidad, sin embargo, es bastante latente y se ha hecho notar. Y este malestar no es solo por las derrotas, sino por la sensación de que la región no está aprendiendo. Año tras año, los mismos errores: falta de adaptación, decisiones de draft cuestionables y una aparente desconexión con el ritmo competitivo internacional. Muchos aficionados sienten que Europa ha dejado de evolucionar mientras otras regiones dan pasos hacia adelante.
No se trata solo de perder, sino de cómo se pierde. Y, después de este MSI, es evidente que la LEC necesita hacer una pausa, mirar hacia dentro y preguntarse en qué momento dejó de ser una amenaza para convertirse en una región más.