Riot Games ha dado un giro el ecosistema de League of Legends y Valorant, permitiendo que equipos de primer nivel en América y EMEA acepten patrocinadores relacionados con apuestas deportivas.
La empresa siempre se ha caracterizado por ser bastante estricta con este tipo de patrocinios o con cosas como tabaco y alcohol, pero parece que las cosas han cambiado.
¿Por que Riot decide ahora permitir algo que solía ser una clara línea roja?
El anuncio, firmado por John Needham (Director de Esports en Riot Games), responde a años de presión de las propias organizaciones y a una realidad: en 2024 se movieron 10 700 millones de dólares en apuestas sobre ambos esports, el 70 % en mercados no regulados. Quizá en el pasado era un mercado que pese a ser muy lucrativo, la industria gozaba de una salud suficiente como para no tener que explorar… Pero las cosas han cambiado.
Los viewers ya no son lo que eran en los tiempos del COVID-19 y algunos de los años dorados de los esports, lo cual hace que los patrocinadores y las sumas de dinero que ofrecen descienda considerablemente, poniendo en jaque a los equipos. Es por esto que las propias organizaciones eran las primeras y más interesadas en adentrarse en estos nuevos mercados.
Así lo ha explicado el propio Needham en un extenso comunicado y consciente de que esta medida es polémica entre muchos fans: «Sabemos que las apuestas deportivas no son para todos y que algunos aficionados tienen opiniones muy fuertes al respecto, y lo respetamos. Sin embargo, la realidad es que la actividad de apuestas en nuestros deportes ya existe y continuará, participemos o no.
«Históricamente, esta ha sido una categoría de patrocinio restringida, y Riot no ha colaborado con las casas de apuestas. Los equipos nos han pedido que reconsideremos nuestra postura y, tras años de análisis para asegurarnos de que acertáramos, decidimos que era hora de abrir esta categoría para generar más oportunidades de ingresos para los equipos.»
Llegan las apuestas al LoL y Valorant… Pero con restricciones
Aunque supone un giro importante en la postura de Riot, esto no significa que las casas de apuestas vayan a tener vía libre para hacer y deshacer en el ecosistema competitivo. Al contrario: la compañía ha puesto límites muy claros para evitar que esta apertura afecte a la integridad de las competiciones.
Cualquier empresa del sector que quiera asociarse con un equipo necesitará primero el visto bueno de Riot. Además, estará obligada a trabajar con datos oficiales y verificados, proporcionados por GRID Esports, para asegurar que todo se hace con transparencia.
También habrá restricciones importantes en cuanto a visibilidad. Los logos de casas de apuestas no podrán aparecer ni en las retransmisiones oficiales ni en las camisetas de los jugadores, una línea roja que Riot no está dispuesta a cruzar. Y más allá del control externo, los propios equipos deberán poner de su parte: se les exigirá implementar medidas internas para proteger a sus jugadores, sobre todo a los más jóvenes, y prevenir cualquier posible incidente relacionado con amaños o conductas irregulares.
Una parte del dinero que se mueva con estos patrocinios no irá solo a los grandes nombres. Riot ha confirmado que parte de esos ingresos se destinarán al desarrollo del ecosistema de base: ligas de segundo nivel, programas de talento emergente y otras iniciativas pensadas para nutrir el futuro competitivo.
Por ahora, eso sí, esta política solo aplica a las competiciones de primer nivel. El Tier 2, al menos de momento, queda fuera de esta ecuación, aunque sobre el papel si se verá beneficiada con esta inversión extra por parte de Riot.
Decisión polémica entre la comunidad
Como era de esperar, la decisión no ha sentado bien a todo el mundo. Las redes sociales se llenaron de críticas poco después del anuncio, con muchos fans preocupados por lo que consideran una normalización de una actividad que puede tener consecuencias serias, sobre todo en un público joven. La sombra del match-fixing también vuelve a aparecer, aunque Riot insiste en que está tomando todas las medidas necesarias para evitarlo.
Aun así, cuesta no entender la lógica detrás del movimiento. Los equipos necesitan vías para sostener sus proyectos y Riot, que hasta ahora se había mantenido firme, ha optado por adaptarse a una realidad que ya existía, aunque fuera en silencio.
El tiempo dirá si esta apertura acaba siendo positiva para la escena o si termina siendo una grieta más en un ecosistema que, pese a su popularidad, sigue buscando fórmulas para ser sostenible a largo plazo.