El Comité Olímpico ha tirado hacia atrás la propuesta de Juegos Olímpicos de Esports encabezada por Arabia Saudí.
El Comité Olímpico Internacional ha cancelado oficialmente su acuerdo con Arabia Saudita para los Juegos Olímpicos de Esports apenas un año después de firmar un contrato de doce años. La decisión llegó a través de un comunicado el pasado 30 de octubre, donde ambas partes confirmaron que seguirían «caminos separados» en sus ambiciones de deportes electrónicos.
Es un golpe inesperado para el príncipe heredero Mohammed bin Salman, cuya estrategia Vision 2030 incluía convertir a Arabia Saudita en potencia global del gaming.
La asociación se había anunciado en julio de 2024, antes de los Juegos Olímpicos de París. La primera edición de los Juegos Olímpicos de Esports estaba programada para celebrarse en Riad en 2025, pero fue pospuesta a 2027 apenas cinco meses después.
Eso debería haber sido la primera señal de alarma. El COI explicó entonces que necesitaba más tiempo para establecer un modelo organizativo y financiero separado del de los Juegos Olímpicos tradicionales. Pero incluso con dos años más para prepararse, la alianza no resistió.
Diferencias fundamentales entre dos visiones
Aunque el comunicado oficial habla de «revisión reciente» del acuerdo, los analistas apuntan a conflictos más profundos. El principal: los valores olímpicos chocaban frontalmente con la realidad de los esports competitivos. El COI siempre ha manifestado preocupación por el contenido de ciertos juegos, especialmente títulos como Call of Duty o Counter-Strike, que incluyen violencia simulada con armas de fuego. Cuando Thomas Bach, entonces presidente del COI, anunció el acuerdo hace un año, fue cuidadoso al aclarar que se aseguraría de que «los valores olímpicos se respetaran».
Arabia Saudita, por su parte, lleva años apoyando precisamente esos juegos a través de la Esports World Cup, que distribuye premios masivos (70 millones de dólares este año). Mantener esto era incompatible con los requerimientos del COI sobre inclusión, diversidad y juego limpio. Además, los valores olímpicos de igualdad chocan con la polémica sobre los derechos humanos y las leyes anti-LGTB+ de Arabia Saudita. Una alianza entre el COI y un país bajo escrutinio internacional por estos temas siempre fue complicada políticamente.
Kirsty Coverty toma una decisión distinta a sus antecesores
El cambio de liderazgo en el COI también influyó. Thomas Bach, que negoció y anunció el acuerdo hace poco más de un año, cedió la presidencia a Kirsty Coventry en marzo de 2025. La zimbabuense decidió romper con la estrategia de su predecesor. Sin precedentes en el Movimiento Olímpico: cancelar un acuerdo de doce años apenas después de firmarlo es prácticamente inaudito, especialmente con una potencia financiera como Arabia Saudita.
Arabia Saudita se enfoca en su propia Esports World Cup
La noticia no ha hundido las ambiciones saudíes en los esports. La Esports World Cup Foundation (EWCF) emitió su propio comunicado confirmando que continuará con sus proyectos. De hecho, anunciaron la creación de la Esports Nations Cup, programada para noviembre de 2026, un evento que busca celebrar el orgullo nacional, la competencia global y la conexión comunitaria. Es su respuesta: si el COI no quiere jugar con ellos, Arabia Saudita construirá su propio ecosistema olímpico.
El Public Investment Fund (PIF) saudí mantiene sus ambiciones inversoras globales. En los últimos meses ha completado acuerdos para adquirir o participar en gigantes como Take-Two Interactive, Nintendo y Electronic Arts. Mientras el COI se tambalea, Arabia Saudita se posiciona como mecenas de la industria del videojuego mundial.
El COI busca reinventarse
El comunicado del COI indica que buscará «una nueva estrategia» para los esports olímpicos, desarrollando un «modelo de asociación» diferente que sea «más global, sostenible y menos dependiente de un único socio estratégico». En otras palabras: buscarán una sede alternativa que no presente los problemas políticos y valorativos que trajo Arabia Saudita.
El objetivo declarado es tener «los juegos inaugurales tan pronto como sea posible», pero la realidad es que el proyecto está de vuelta a la casilla de salida. El COI tendrá que encontrar una ciudad anfitriona, un modelo de gobernanza que respete sus valores, y negociar cómo integrar juegos competitivos reales sin los requisitos imposibles de censura que querían imponer.
Las dudas para el futuro
Los esports olímpicos siguen siendo un objetivo para el COI, que ve en ellos una forma de conectar con audiencias más jóvenes. Pero esta cancelación expone las tensiones fundamentales entre el deporte tradicional y la realidad de los videojuegos competitivos.
Mientras tanto, Arabia Saudita continúa su estrategia de convertirse en superpotencia del gaming sin esperar a nadie. La Esports World Cup Foundation ya tiene su propio calendario y recursos. Quizás sea un reconocimiento: los esports no necesitan a los Juegos Olímpicos para legitimarse. Quizás el COI fue quien realmente necesitaba este acuerdo.