Cuando Bandai Namco soltó la bomba de Little Nightmares III el año pasado, todos nos quedamos con la boca abierta. No solo porque la saga pasaba a estar en manos de Supermassive Games (los de Until Dawn, nada menos), sino porque por primera vez íbamos a poder vivir estas pesadillas en modo cooperativo. La teoría sonaba genial, pero hasta ahora no habíamos podido probar cómo se sentían esos cambios en acción. La Gamescom nos sacó de dudas… y vaya si lo hizo.
Lo primero que hay que dejar claro es que la esencia de Little Nightmares sigue intacta: mundos inquietantes, personajes diminutos frente a escenarios gigantes y esa mezcla de ternura y terror que define a la franquicia. El cambio de estudio no ha diluido la fórmula, y el añadido del cooperativo no rompe nada; al contrario, parece darle una nueva capa de tensión y diversión.
Una fábrica de dulces que da más miedo que hambre
La demo cooperativa nos llevó a una fábrica de caramelos que, lejos de ser un lugar feliz, parecía salida de nuestras peores pesadillas infantiles. Entre montañas de chucherías pegajosas y archivadores enormes, lo que encontramos fueron bichos repelentes y una secretaria con pinta de villana de Mars Attack que hacía que cualquier dulce pareciera una trampa mortal.
El ritmo era el de siempre: primero la intriga, la incógnita de “¿qué demonios es este sitio?”, y luego, poco a poco, la aparición del gran monstruo que te persigue y que te obliga a avanzar con el corazón en la boca. Subimos por muebles desproporcionados, atravesamos ríos de caramelos y observamos a trabajadores esclavizados, todo mientras pensábamos: “aquí puede salir algo en cualquier momento para destrozarnos”. Spoiler: sí, pasa.
Para progresar, la clave estaba en la colaboración constante. Muchas zonas solo podían cruzarse entre dos, y la dichosa secretaria estaba siempre al acecho. Hubo algún que otro momento frustrante (bendito ensayo-error), pero la sensación de tensión compartida lo compensa de sobra.
Dos héroes diminutos, pero con grandes recursos
Lo mejor del cooperativo es que cada personaje tiene sus habilidades propias: Low con su arco y Alone con su llave inglesa. Nada revolucionario, pero muy funcional. El arco te permite activar interruptores lejanos, y la llave romper tablones o abrir pasos bloqueados. Son herramientas simples que, en los momentos clave, marcan la diferencia.
Y ojo, también hay espacio para risas entre tanta tensión. Como cuando reactivas la electricidad justo cuando tu compi está cruzando un charco electrificado… el típico momento de humor negro que solo Little Nightmares sabe crear.
Hay secciones que ya conocíamos, como llevar un fusible luminoso para espantar insectos asquerosos, pero ahora la cosa cambia: al ir pegados a tu compañero, cualquier fallo no solo te condena a ti, sino a los dos. La dinámica de “estamos juntos en esta pesadilla” funciona de maravilla, y te mete aún más en la piel de los protagonistas.
Y si no tienes compañero… la IA se porta
¿Qué pasa si no tienes con quién jugar? No hay problema. La otra fase que probamos estaba pensada para un modo solitario con IA. En este caso, recorríamos un desierto post-apocalíptico mientras intentábamos esquivar a un bebé gigante que podía convertirnos en piedra. Sí, suena igual de inquietante que lo es.
La IA del compañero sorprende para bien. Puedes darle órdenes rápidas con un botón, y el personaje responde: si necesitas que use el arco mientras tú manejas la llave inglesa, lo hará. Incluso es capaz de señalarte lo que toca hacer, algo que evita esas típicas frustraciones en juegos con aliados controlados por la máquina.
Además, siempre se mantiene a tu ritmo: no avanza más de la cuenta ni activa trampas que te hagan reiniciar. La sensación es la de jugar casi en solitario, pero con un apoyo puntual cuando necesitas fuerza extra o ayuda específica. Esto permite que el juego no pierda ni un ápice de su identidad, manteniendo gadgets nuevos como la sombrilla para planear o los escenarios variados que hemos visto.
¿Qué nos espera en septiembre?
En resumen: lo que probamos de Little Nightmares III pinta espectacular. El cooperativo añade tensión y diversión sin romper la fórmula, los escenarios son más variados que nunca y la experiencia en solitario se siente igual de sólida gracias a una IA bien trabajada.
Lo más importante: el salto a Supermassive Games no ha borrado la esencia que tanto amamos de la saga. Sigue siendo un viaje de pesadilla, tierno y espeluznante a partes iguales. Y ahora, además, puedes compartirlo con un amigo.
Septiembre promete ser un mes cargado de sobresaltos… y nosotros no podríamos estar más listos para sufrirlos.